Amor en cada receta
Cada galleta es elaborada con el mismo cariño que una abuelita pone en su cocina. Ese amor se siente en cada bocado.
Más de cinco décadas de historias compartidas, de mesas llenas de risas, de tardes de café y conversaciones interminables. Así se construye una tradición.
Desde 1969, Galletas Pituca ha acompañado a las familias costarricenses, convirtiéndose en un símbolo de tradición, sabor casero y momentos compartidos con quienes amamos.
Nacida como una empresa familiar, Pituca ha mantenido a lo largo de décadas esa esencia cálida y cercana que caracteriza a los productos hechos con dedicación y amor. No fue solo un negocio — fue una forma de llevar calidez a cada hogar.
Sus sabores han acompañado familias enteras, creando momentos de cercanía, conversación y alegría alrededor de una mesa. Desde el café de la mañana hasta las meriendas de la tarde, siempre hubo un paquete de Pituca en el centro de todo.
Porque cuando alguien abre un paquete de Galletas Pituca no solo comparte una merienda: comparte tradición, historia y el sabor de sentirse en casa.
Cada galleta es elaborada con el mismo cariño que una abuelita pone en su cocina. Ese amor se siente en cada bocado.
Diseñamos nuestros productos pensando en esos momentos especiales donde la familia se reúne sin prisa, con ganas de compartir.
Mantenemos vivas las recetas originales que han pasado de generación en generación, porque lo bueno no necesita cambiar.
Seleccionamos los mejores ingredientes y cuidamos cada detalle del proceso para que cada paquete llegue perfecto a tu mesa.
Somos 100% costarricenses y llevamos el sabor de nuestra tierra dentro y fuera del país. Hecho aquí, con orgullo.
Como en una verdadera familia, siempre estamos ahí. Puedes contactarnos en cualquier momento, siempre tendrás una respuesta cálida.
Tres generaciones de familias costarricenses han crecido con el sabor de Galletas Pituca. Cada década trae nuevas historias, pero la esencia sigue intacta.
En una pequeña cocina familiar nace Galletas Pituca. La receta original de galletas de vainilla conquista los primeros hogares costarricenses.
Las familias de toda Costa Rica comienzan a identificar el aroma de Pituca con momentos de reunión. Nuevos sabores se suman a la tradición.
Los niños que crecieron con Pituca ahora comparten el mismo sabor con sus propios hijos. El círculo familiar se cierra una y otra vez.
Más de 50 años después, seguimos horneando con el mismo amor, las mismas recetas y el mismo deseo de unir familias alrededor de una mesa.